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Mensaje del Presidente - Setiembre 2007

Pensamientos sobre desarrollo sostenible y cultura ambiental para enfrentar el cambio climático

Estimados Mesoamericanos y Mesoamericanas,

Nuevamente, los fenómenos climáticos azotan a Mesoamérica. Los huracanes Dean y Félix son los primeros en recordarnos que nuestra zona sigue vulnerable ante fenómenos que tienden a manifestarse con mayor frecuencia y mayor violencia en zonas cada vez más pobladas.

Todos los estudios científicos sobre los efectos del calentamiento global demuestran que el cambio climático produce efectos importantes sobre los regimenes hídricos, la precipitación, la sequía, los ecosistemas, la vida silvestre, pero también sobre la economía humana y el tejido social de las comunidades expuestas. Este año el ciclo monzonico causó inundaciones que dejaron sin hogar a varios millones de personas en Nepal, India y Bangladesh.

En el istmo centroamericano, es particularmente triste y doloroso el drama nicaragüense, provocado no tanto por Félix, sino por la apatía del mismo gobierno de Nicaragua. Como suele suceder, no se ejecutan planes de evacuación, no existen centros de protección civil en las zonas de evidente vulnerabilidad ante huracanes. La reacción del gobierno ha sido lenta e insuficiente. Se pidió a los países desarrollados ayuda financiera como si el dinero fuera una solución de corto plazo a problemas que decidimos no enfrentar.

No existe visión de largo plazo; a veces me pregunto si existe verdadera solidaridad nacional o regional. ¿Si no podemos reaccionar ante un fenómeno particular y localizado como un huracán, como haremos para controlar una pandemia mundial, como haremos para enfrentar los fenómenos migratorios masivos? Desafortunadamente, los gobiernos y los ciudadanos no están preparados, el ordenamiento territorial raras veces es prioridad, y no se acatan las recomendaciones de los estudios de vulnerabilidad ambiental.

Me parece que una parte significativa del problema radica en la interpretación del desarrollo sostenible y en nuestra cultura ambiental, por lo que quiero dedicar las próximas líneas a estos temas. Es especialmente relevante, porque el éxito del ser humano en el abordaje de la problemática del calentamiento global y su capacidad de respuesta a los fenómenos productos del cambio climático no reposa, como nos quieren hacer creer, en el desarrollo de soluciones tecnológicas descabelladas (con jugosos beneficios económicos para algunos sectores industriales), sino en nada más que un cambio de paradigma, en una verdadera revolución cultural, social y política. 

Existen por lo menos 300 definiciones del concepto de desarrollo sostenible. En mi concepto, debe de cuestionarse, criticarse y analizarse en detalle estas definiciones y aceptar que los programas políticos, las tendencias sociales y las leyes actuales no favorecen el desarrollo sostenible, sino que en muchos casos recurren a palabras vacías de sentido que esconden una violación de la biosfera. En mi sentir, el modelo de desarrollo sostenible ha fracasado debido a que la misma visión de la definición de desarrollo sostenible es un producto de las clases políticas, sociales y económicas en el poder. Es urgente implementar una serie de programas integrales a nivel local, regional y global, basados en la filosofía del desarrollo sostenible y con la plena conciencia de la necesidad de alcanzar niveles de utilización de los recursos naturales sensiblemente inferiores que impliquen obligatoriamente sacrificios económicos, sociales y políticos impensables sin una revolución cultural. El sistema de pensamiento occidental dominante basado en la noción de causalidad debe ser el objeto de un cuestionamiento que sin buscar destruirlo, estremezca sus fundamentos más firmes para proponer una lectura nueva del universo y lograr una comprensión holística en la cual sus elementos, tradicionalmente separados, sean unificados.

¿Será posible lograr un cambio del paradigma actual para fomentar el verdadero desarrollo sostenible en todas las esferas y niveles de la vida privada y pública? Es patente la rigidez del discurso político dominante sobre las medidas ambientales más urgentes a tomar: mientras tengan algún impacto sobre el crecimiento económico, no formarán parte del posible abanico de soluciones. La mayoría de la población humana, la que no es dueña de este poder, tendrá el deber de levantarse y conducir los nuevos procesos que permitirán revertir esta situación. En el pensamiento tradicional, el desarrollo sostenible reposa sobre tres componentes: el componente económico, el componente ambiental y el componente social. Creo que, precisamente, este tipo de clasificación es propio del paradigma actual heredado de la Conferencia de Estocolmo sobre desarrollo sostenible (1972). Es importante entender que el componente ambiental no puede o no debe ser sujeto a un proceso de “trade-off” con los demás componentes económicos y sociales, sino que debe de ser la base sobre la cual se construye el desarrollo sostenible. En otras palabras, no debemos de sacrificar el componente ambiental en pos del componente social o económico. Efectivamente, el ambiente debe de ser considerado en una escala superior a los dos otros componentes, ya que ellos dependen totalmente del primero. El medio ambiente debe ser la base sobre la cual los factores sociales y económicos se equilibran, en lugar de un esquema donde los factores ambientales, sociales y económicos se limitan a interactuar.

Este debate ontológico sobre el desarrollo sostenible tiene toda su razón de ser precisamente porque deriva de la postura filosófica sobre la naturaleza, la cual depende de cada ciudadano y ciudadana pero que por lo general es instrumental, extensionista o biocéntrica. Una posible fuente de inspiración podría encontrarse en doctrinas orientales, tales como el budismo. Desde Descartes, hemos separado el ser humano de la Naturaleza. Para lograr unificarlos nuevamente, las metodologías tradicionales y no occidentales necesitan ser asimiladas, trascendidas y sustituidas para proponer una metodología diferente perteneciente al nuevo paradigma. Para lograrlo, es necesario trabajar en forma colectiva para construir una cultura ambiental en cada ciudadano, para que florezcan las condiciones que permitan precisamente lograr un acercamiento al desarrollo sostenible.

La cultura ambiental se encuentra en un proceso de construcción emergente, en el seno del cual el ser humano establece una relación ética con la biosfera. La cultura actual dominante, conduce al ser humano hacia la auto-destrucción y condena a las demás especies que comparten con él la Tierra. Sin embargo, existen corrientes de pensamiento que abordan este problema desde una perspectiva diametralmente opuesta. La primera que me salta a la mente es el concepto de Gaia. Las personas que desarrollan una ética basada en el concepto de Gaia, deben automáticamente de reivindicar una cultura ambiental que les permitan vivir en armonía con su entorno natural.

James Lovelock ha adquirido renombre internacional a partir de la década de los setenta gracias al desarrollo de la “Hipótesis Gaia”, mediante la cual postula que la Tierra funciona como un tipo de superorganismo. Lovelock definió Gaia "a complex entity involving the Earth's biosphere, atmosphere, oceans, and soil; the totality constituting a feedback or cybernetic system which seeks an optimal physical and chemical environment for life on this planet." El concepto de Gaia es un tipo de modelo científico de la biosfera en el cual la vida mantiene y regula las condiciones necesarias para sí misma, afectando el ambiente de la Tierra. Este concepto tiene su fuente en varias culturas, mientras en la actualidad esta teoría es utilizada por el sector ambientalista no-científico para referirse a las teorías de auto-regulación de la Tierra inspiradas de modelos científicos. Para algunos científicos, este concepto implica connotaciones no rigurosas y místicas y la tesis de Lovelock fue recibida, en un principio, con mucho escepticismo y rechazo por parte de la comunidad científica. Hoy día es un postulado científico valido.

Val Plumwood desarrolla un argumento robusto sobre la necesidad del ser humano de florecer y alcanzar la plenitud en una relación ecológica con el medio ambiente. Aunque la autora esté fallando a la hora de definir “relación ecológica”, sienta las bases para contribuir a instaurar una cultura ambiental. Si no tenemos una cultura ambiental, si no existe todavía una cultura ambiental, es nuestra responsabilidad de contribuir a establecerla. Pienso que el ser humano ha fallado en ubicarse como ser ecológico. Nuestro racionalismo pervertido se ha apoderado de muchas esferas de nuestra cultura: nuestro sistema económico, por ejemplo, trabaja de la mano con una ciencia instrumental y productivista que apunta a la predicción del beneficio y al dominio. Esto a su vez, tal vez crea un espejismo cultural del poder sobre lo “salvaje” que nos empeñamos en domesticar, canalizar, reducir y controlar. Siempre abogo por una revolución profunda, democrática, desde la ecología social, que desafíe la estructura actual del poder. Para lograrlo, debemos de modificar las bases de la democracia.

Para contribuir a la construcción de una cultura ambiental, podemos derrocar el dualismo maniqueo de la cultura y naturaleza, razón y emoción, mente y cuerpo para revelar el ser humano como ser ecológico y el no-humano como sujeto ético, fomentando un dialogo entre las especies, mutualmente beneficioso. Podemos contribuir en la medida de nuestras posibilidades a une ecología social y política. Podemos animar un proceso que lleve a promover la ciencia como una visión integral, democrática, éticamente responsable del no-humano. Podemos hasta desafiar el concepto tradicional de propiedad para instaurar un concepto mutualista o un concepto de servidumbre de la propiedad, con el propietario en su función de “guardián” en lugar de “explotador”. Existen muchos abordajes para contribuir a la cultura ambiental.

Aquí realmente no se trata un debate entre el modelo capitalista y el modelo socialista, sino de una necesidad apremiante de cambiar de paradigma. Creo que documentos como el Informe Stern apuntan a las consecuencias económicas del calentamiento global. Este economista encargado por el Gobierno de Gran Bretaña concluye que se necesita una inversión equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático y que de no invertirse el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20% del PIB global. Aún así, los políticos y capitanes industriales se niegan a adoptar medidas.

Me asombra el constatar que todavía las agendas de nuestros gobernantes son dominadas por los esquemas económicos tradicionales y los intereses personales.

El XI Congreso de la Sociedad Mesoamericana para la Biología y la Conservación, Uniendo esfuerzos para enfrentar los retos del cambio climático en México y Mesoamérica, busca poner en la mesa los temas relacionados con el cambio climático con el afán de contribuir a una discusión fructífera. Hoy día, no podemos esperar que nuestros gobiernos reaccionen de manera adecuada, o pensar que los países desarrollados puedan desarrollar las soluciones tecnológicas que nos permitirán seguir consumiendo cada día más mientras se mitigan los efectos del calentamiento global. Debemos actuar desde nuestro hogar, desde nuestra institución o empresa; es nuestra obligación moral el contribuir de manera solidaria a la mitigación de los efectos del cambio climático. En este sentido, los profesionales y los estudiantes en ciencias naturales deben de asumir un papel preponderante en todos los ámbitos de su quehacer profesional y personal. En biología de la conservación, debemos enfocar esfuerzos hacia la aplicabilidad de nuestras investigaciones. No podemos ignorar las señales cada vez más evidentes de un desastre global inminente. Las soluciones pasan por un cambio de paradigma y modificaciones en nuestra actitud, en nuestros valores y en nuestra cultura.

Debemos de poner en práctica soluciones rápidas y eficientes, si queremos sobrevivir y evitar hundir nuestro planeta y las demás especies de fauna y flora de las cuales somos responsables.

Fraternalmente,

Olivier Chassot
Presidente 2006-2008
Sociedad Mesoamericana para la Biología y la Conservación

Septiembre 2007